lunes, 10 de octubre de 2011

Las cosas del amor...

Estar enamorado es el estado perfecto del ser humano.

El amor se proyecta hacia la otra persona y se espera ser correspondido, lo cual es a veces una forma muy dolorosa de amar, porque si no se es correspondido se sufre, con lo que resulta que el amor es igual a dolor. Y en ese caso estar enamorado parece algo infausto. Lo peor. Se identifica amor con dolor, y eso no es cierto, son cosas distintas.

Ésa es, ciertamente, una manera muy limitada de amar. El que está enamorado está dotado de una energía mágica que es capaz de mover lo inamovible. Pero desperdiciarla lamentando que no se es amado, o que no se es amado como se quisiera ser amado, es un error. Es difícil dominar el propio amor, y de todo punto es imposible dominar el amor ajeno. Así que, ante semejante situación, lo mejor es tratar de actuar sobre el amor que uno tiene antes que pretender hacerlo sobre el que el otro no tiene.

Por otro lado parece absurdo seguir amando a una persona que no nos ama. De hecho, es insensato pensar y pretender que nos ame quien no nos ama. Al menos pretenderlo durante un periodo de tiempo demasiado extenso. El amor es sencillo. O nos aman o no nos aman. Si amamos y nos aman, todo se puede. Y si amamos y no nos aman (y viceversa), creo que poco podemos hacer. No podemos convencer a la otra persona de lo fascinantes que somos, de que su vida a nuestro lado sería maravillosa, y de que juntos seríamos capaces de lo que fuera. No podemos hacer eso. Si esa persona no lo sabe ya, es que no lo sabrá, y si llega a saberlo, cuando lo haga, seguramente será tarde. Y nosotros no tenemos tiempo que perder. No podemos esperar eternamente a que se den cuenta de las estupendas personas que somos.

En cualquier caso, si no lo sabe, o lo sabe pero no lo valora, o le da igual, ese es un problema que no nos compete. Nosotros no podemos hacernos cargo de esa torpeza. Y desde luego lo que sería imperdonable es desperdiciar nuestras energías (mágicas) tratando de comprenderlo o de cambiarlo.

Con lo cual sólo queda una cosa. Esas energías mágicas que nos revolean el corazón, que se convierten en el bicho incontrolable que nos sacude el alma, y nos hace torpes, y nos hace reír, y llorar, y nos provoca insomnio, y nos hace saltar y caer, y levantarnos y volar… esas energías no pueden proyectarse únicamente ante algo que no depende de nosotros. Ni tampoco pueden ser reprimidas, porque es algo que nace de lo más hondo y más puro de nuestra alma, y no podemos desecharlas ni ignorarlas. No podemos despreciarlas porque no seamos correspondidos en nuestro amor.

Lo que hay dentro de nosotros, lo que sentimos, sea lo que sea lo que nos lo provoca, es lo que nos hace grandes, es lo que nos convierte en seres extraordinarios. Y eso se merece un respeto.

1 comentario:

  1. El amor no es nada sencillo, pero sí, o nos quieren o no, y no se puede obligar a nadie a tener ese sentimiento. Se puede ser paciente, observar, alejarse y seguir el camino, que está lleno de sorpresas!!! Acabo de descubrir el blog y "supermola". :*

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