domingo, 11 de septiembre de 2011

Escribe y cúrate

El arte es terapia, eso es obvio. Tanto para el emisor como para el receptor.

Podemos disipar el dolor del alma a través de la creatividad, y nos libramos de los demonios que nos atormentan dentro.

Oscar Wilde estuvo dos años metido en prisión acusado de comportamiento indecente por el marqués de Queensberry, padre de su amante, Alfred Douglas, un muchacho caprichoso y voluble que renegó de él y cuyo desdén llevó a Oscar a la más angustiosa desesperación. Allí, en una húmeda celda de dos por dos, apenas alumnbrado por la tenue luz que entraba por un angosto ventanuco, Wilde se enfrentó a sus demonios, en definitiva a sí mismo. Y escribió De Profundis (1897), una extensísima epístola dirigida a su amante donde reflexiona sobre la condición humana y específicamente sobre sus propias emociones y las actitudes de Alfred.

Es posible que si Wilde no hubiera tenido la necesidad (y la remota posibilidad) de escribir, hubiera muerto antes. Y lo que es seguro es que, después de salir de prisión, no habría vuelto a encontrarse, como hizo finalmente, con Alfred para retomar su relación.

Escribir aquella carta en prisión curó el alma de Oscar Wilde.


Se cree que Kafka escribió su Carta al padre (1919) con la intención de que mejorara su relación con él, a pesar de la dureza y la hiriente sinceridad de la epístola. Pero de nuevo fue una necesidad del escritor de salvarse, de apaciguar sus tormentos. De sobrevivir. Él mismo afirmó que si no pudiera escribir se convertiría en una bestia.


Un pensamiento negativo que permanece dentro ensucia, agobia, perturba, molesta. Escribirlo con el alma es sacarlo fuera. Limpiar, desinfectar, purificar, purgar.