miércoles, 27 de julio de 2011

La vita è mobile

No te aferres a nada en exceso.
Lo que ayer fue sólido, hoy se diluye. Del mismo modo, lo que hoy es real, mañana será espejismo.

EL PADRE: Es sólo para saber, entiéndame, si usted en realidad, tal y como es ahora, se ve e a sí mismo...igual que ve, por ejemplo, a distancia de años, al que era tiempo atrás, con todas las ilusiones que entonces tenía, con todas las cosas, en su interior y alrededor suyo, como entonces le parecían...-y que eran así, realmente así, para usted-. Pues bien, señor, volviendo a pensar en aquellas ilusiones que ahora ya no se hace; en todas aquellas cosas que ahora ya no le “parecen” como “eran” para usted hace tiempo, ¿no le da la impresión de que se le hunde, no sólo este entarimado, sino la tierra bajo sus pies, argumentando que “esto” mismo que ahora siente usted, toda su realidad de hoy en día, tal cual es, está destinada a parecerle mañana una ilusión?

Seis personajes en busca de autor, Luigi Pirandello

Multiplicidad de personalidades

¿Es nuestro temperamento invariable, rígido, inamovible y constante exactamente con todo el mundo, o, por el contrario mostramos múltiples yos, múltiples personalidades en función de con quién hablemos, con quién estemos o la necesidad que pretendamos cubrir? Obviamente existe en cada uno de nosotros una constante que no varía hagamos lo que hagamos, hablemos con quien hablemos. Es nuestra esencia. Inquebrantable, inalterable. Constante. Pero es evidente que nos mostramos “diversificados” en cuanto a nuestra personalidad dependiendo de dónde y con quién estemos.

Es un gran error pretender ser siempre “el mismo” en todas las situaciones y con toda la gente, pues no todo el mundo ni en todas las circunstancias son receptivos a todas nuestras facetas. De ahí la frustración en muchas relaciones. El gran reto es saber hasta dónde llegar, qué mostrar, qué ocultar, qué esperar.

Corremos el riesgo, claro, de ser juzgados o considerados por ciertos actos o actutides alejados de esa esencia que nos define.

Por otro lado, nadie nos conocerá, de ese modo, a un cien por cien, siempre habrá lagunas, no podremos aspirar a la comprensión total de nuestra personalidad. Pero, en el fondo, ¿alguien quiere eso realmente?

EL PADRE: Aquí está para mí todo el drama: en la conciencia que yo, que cada uno de nosotros, como puede ver, se cree “uno”, pero no es verdad: porque es “muchos”, sí, señor, “muchos”, dependiendo de todas las posibilidades de ser que llevamos dentro: “uno” con éste, “uno” con aquél; ¡y tan distintos! E imaginamos, sin embargo, que siermpre somos “uno para todos”, y siempre “ese uno” que nosotros creemos ser en cada uno de nuestros actos. ¡Y no es verdad, no es verdad! Nos damos perfecta cuenta, cuando en algunos de nuestros actos, en algún hecho desventurado, nos quedamos de repente como paralizados y colgados; quiero decir que nos damos cuenta de que, en ese acto, no somos todos, y que sería por tanto una injusticia atroz si se nos juzgara sólo por eso, si nos expusiéramos paralizados y colgados en la picota así para toda la vida, como si toda nuestra existencia se viera consumada en ese acto. [...]

Seis personajes en busca de autor, Luigi Pirandello

El código

Si no sé una palabra de chino mandarín y trato de explicarle algo emocionalmente complejo a un chino mandarín que no entiende una palabra de español, sospecho que serán infructuosos mis intentos. Comunicación imposible. O al menos deficiente.
El lenguaje no verbal de un sujeto da más información (muchísima más que la que uno imagina) qus sus propias palabras, su lenguaje no verbal lo desnuda prácticamente, sin embargo, el lenguaje verbal se hace necesario la mayoría de las veces. El problema es que los códigos no coincidan, como con el chino mandarín: comunicación deficiente. Y frustrante, claro.

EL PADRE: ¡Aquí está el error! ¡En las palabras! Cada uno de nosotros posee dentro de sí un mundo de objetos, su mundo de objetos. Pero, ¿cómo podremos entendernos, señor, si en las palabras que yo pronuncio encierro el sentido y el valor de las cosas tal como son dentro de mí, mientras quien las escucha las asume inevitablemente con el sentido y el valor que tienen para él, que tienen en el mundo que lleva dentro? Creemos entendernos, pero nunca nos entendemos […]
Seis personajes en busca de autor, Luigi Pirandello

viernes, 22 de julio de 2011

La Torre

Alguien entendido medianamente en tarot que va a hacerle una consulta a las cartas sabrá que si sale el arcano número XVI está ante una situación incómoda y difícil. Sin embargo, no hay que tenerle miedo a esa carta (situación), ya que es, sin lugar a dudas, el momento de descubrir lo que estaba oculto y que impedía conocer la verdad en su más amplia versión.

Imaginemos que he pasado días, incluso meses o años con los ojos vendados y que sólo conocía lo que oía, lo que me contaban, lo que olía, lo que tocaba... Y de pronto desanudan mi venda, y me dejan ahí, bajo un sol deslumbrador. De entrada me sentiré abrumada ante tanta luz, turbada, cegada. Por unos momentos no veré nada. Pero poco a poco empezaré a vislumbrar aquellas cosas que sólo conocía por otros medios que no eran mis ojos. Y descubriré que en gran medida, ese conocimiento que tenía era parcial, incompleto, deficiente. Sí, me sentiré decepcionada, engañada incluso.

Sin embargo, debería estar contenta.

Descubrir las cosas como realmente son no es ninguna desgracia, es un favor que me hago.

Lo que pasa es que en ocasiones vivo aferrada a mis creencias, a mis opiniones, a mis puntos de vista, y pienso que el mundo está equivocado.

Vivir la crisis que supone la Torre implica romper con los esquemas en los que me he basado toda o gran parte de mi vida. El reto está en saber tener la humildad de no luchar contra ello y dejarme llevar hacia el nuevo camino, aceptando lo nuevo que se me ofrece. Lo doloroso es tener que decirle a mi ego que estaba en un error.

En cualquier caso, estoy completamente convencida de que el verdadero desafío no está en asumir las directrices de la Torre y todo lo que ello conlleva, sino en saber ver la oportunidad en la crisis, en no verse como una mera víctima de un mundo injusto y cruel.

Y tristemente el mundo está lleno de víctimas de otros...

miércoles, 20 de julio de 2011

Cuatro reglas de oro

Por distintos medios llegó a mí esta información en dos ocasiones. Todos los días trato de tenerla en cuenta. A veces tengo que ser más persistente. Está claro que es muy necesario ser receptivo, mantenerse atento y sobre todo darse cuenta.

1) LA PERSONA QUE LLEGA ES LA PERSONA CORRECTA. Nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación. Yo diría incluso que aquella persona que te lo pone difícil es la que va a provocarte las situaciones de las que más vas a aprender. En cualquier caso, eso sólo depende de uno mismo.

2)LO QUE SUCEDE ES LA ÚNICA COSA QUE PODRÍA HABER SUCEDIDO. Nada, absolutamente nada de lo que sucede en nuestras vidas podría haber sucedido de otra manera, ni siquiera el detalle más insignificante. Todo sucede del modo en que sucede porque así tiene que ser. Luchar contra eso es infructuoso y absurdo.

3) EN CUALQUIER MOMENTO QUE COMIENCE ES UN MOMENTO CORRECTO. Todo comienza en el momento indicado, ni antes ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas allí es cuando empezará.
Y para que aprendamos esa lección y sigamos adelante, todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.
La paciencia es una gran virtud a la hora de aceptar esta regla. La prisa es contraproducente.

4) CUANDO ALGO TERMINA, TERMINA. Simplemente así, si algo en nuestra vida termina es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejalo, seguir adelante ya enriquecidos por la experiencia. Es más, cuando algo termina, algo empieza.