lunes, 10 de octubre de 2011

Las cosas del amor...

Estar enamorado es el estado perfecto del ser humano.

El amor se proyecta hacia la otra persona y se espera ser correspondido, lo cual es a veces una forma muy dolorosa de amar, porque si no se es correspondido se sufre, con lo que resulta que el amor es igual a dolor. Y en ese caso estar enamorado parece algo infausto. Lo peor. Se identifica amor con dolor, y eso no es cierto, son cosas distintas.

Ésa es, ciertamente, una manera muy limitada de amar. El que está enamorado está dotado de una energía mágica que es capaz de mover lo inamovible. Pero desperdiciarla lamentando que no se es amado, o que no se es amado como se quisiera ser amado, es un error. Es difícil dominar el propio amor, y de todo punto es imposible dominar el amor ajeno. Así que, ante semejante situación, lo mejor es tratar de actuar sobre el amor que uno tiene antes que pretender hacerlo sobre el que el otro no tiene.

Por otro lado parece absurdo seguir amando a una persona que no nos ama. De hecho, es insensato pensar y pretender que nos ame quien no nos ama. Al menos pretenderlo durante un periodo de tiempo demasiado extenso. El amor es sencillo. O nos aman o no nos aman. Si amamos y nos aman, todo se puede. Y si amamos y no nos aman (y viceversa), creo que poco podemos hacer. No podemos convencer a la otra persona de lo fascinantes que somos, de que su vida a nuestro lado sería maravillosa, y de que juntos seríamos capaces de lo que fuera. No podemos hacer eso. Si esa persona no lo sabe ya, es que no lo sabrá, y si llega a saberlo, cuando lo haga, seguramente será tarde. Y nosotros no tenemos tiempo que perder. No podemos esperar eternamente a que se den cuenta de las estupendas personas que somos.

En cualquier caso, si no lo sabe, o lo sabe pero no lo valora, o le da igual, ese es un problema que no nos compete. Nosotros no podemos hacernos cargo de esa torpeza. Y desde luego lo que sería imperdonable es desperdiciar nuestras energías (mágicas) tratando de comprenderlo o de cambiarlo.

Con lo cual sólo queda una cosa. Esas energías mágicas que nos revolean el corazón, que se convierten en el bicho incontrolable que nos sacude el alma, y nos hace torpes, y nos hace reír, y llorar, y nos provoca insomnio, y nos hace saltar y caer, y levantarnos y volar… esas energías no pueden proyectarse únicamente ante algo que no depende de nosotros. Ni tampoco pueden ser reprimidas, porque es algo que nace de lo más hondo y más puro de nuestra alma, y no podemos desecharlas ni ignorarlas. No podemos despreciarlas porque no seamos correspondidos en nuestro amor.

Lo que hay dentro de nosotros, lo que sentimos, sea lo que sea lo que nos lo provoca, es lo que nos hace grandes, es lo que nos convierte en seres extraordinarios. Y eso se merece un respeto.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Escribe y cúrate

El arte es terapia, eso es obvio. Tanto para el emisor como para el receptor.

Podemos disipar el dolor del alma a través de la creatividad, y nos libramos de los demonios que nos atormentan dentro.

Oscar Wilde estuvo dos años metido en prisión acusado de comportamiento indecente por el marqués de Queensberry, padre de su amante, Alfred Douglas, un muchacho caprichoso y voluble que renegó de él y cuyo desdén llevó a Oscar a la más angustiosa desesperación. Allí, en una húmeda celda de dos por dos, apenas alumnbrado por la tenue luz que entraba por un angosto ventanuco, Wilde se enfrentó a sus demonios, en definitiva a sí mismo. Y escribió De Profundis (1897), una extensísima epístola dirigida a su amante donde reflexiona sobre la condición humana y específicamente sobre sus propias emociones y las actitudes de Alfred.

Es posible que si Wilde no hubiera tenido la necesidad (y la remota posibilidad) de escribir, hubiera muerto antes. Y lo que es seguro es que, después de salir de prisión, no habría vuelto a encontrarse, como hizo finalmente, con Alfred para retomar su relación.

Escribir aquella carta en prisión curó el alma de Oscar Wilde.


Se cree que Kafka escribió su Carta al padre (1919) con la intención de que mejorara su relación con él, a pesar de la dureza y la hiriente sinceridad de la epístola. Pero de nuevo fue una necesidad del escritor de salvarse, de apaciguar sus tormentos. De sobrevivir. Él mismo afirmó que si no pudiera escribir se convertiría en una bestia.


Un pensamiento negativo que permanece dentro ensucia, agobia, perturba, molesta. Escribirlo con el alma es sacarlo fuera. Limpiar, desinfectar, purificar, purgar.

domingo, 28 de agosto de 2011

El engranaje

Ortega y Gasset considera el enamoramiento como “una especie de imbecilidad transitoria”. No el amor, sino el enamoramiento. Habla de él como “un fenómeno de la atención”, atención que se centra en un objeto (el objeto supuestamente amado) y desatiende al resto del mundo.

Ortega hace una analogía muy acertada: si nos acercamos la mano a la cara evidentemente nuestro campo visual quedará reducido a esa mano, apenas podremos ver más allá. El enamorado reduce su mundo de este modo, concentra su atención en un punto, y de forma clara y manifiesta incurre en ese estado de “imbecilidad”.

No es necesario para esa ofuscación sentir ese enamoramiento. Puede ocurrir en las relaciones de amistad, de familia, laborales...

De vez en cuando se da el caso de que centramos nuestra atención en alguien que estimamos especial y esperamos de su parte también su atención, sus palabras y su interés por nosotros; pero nosotros, no obteniéndolo, en lugar de girar la vista y advertir la atención, las palabras y el interés de otras personas para las que sí somos especiales, nos obstinamos en un estado de “imbecilidad” semejante al que describía Ortega, centrándonos sólo en eso que nos falta de esa persona y no en lo que tenemos de los demás.

Tratamos de forzar un engranaje que se ha quedado bloqueado, y no sabemos que un leve giro colocaría los dientes en su sitio.

Es de suma importancia dar un par de pasos hacia atrás y observar más objetivamente lo que se cuece a nuestro alrededor, ofrecerle nuestra atención y nuestro interés a quien realmente lo merece, prescindir de aquel que prescinde de nosotros. Ahorrar esfuerzos y ocupar nuestros pensamientos y nuestras energías en aquellos que nos hacen felices.

Es tan fácil como alejar la mano de nuestra vista y ver la verdad de lo que hay.



sábado, 27 de agosto de 2011

Profecías autocumplidas

La mente es sumamente perezosa. Cuando aprende algo es muy difícil que lo desaprenda. Cuando cree algo, cuando se convence de algo, es muy difícil hacerla cambiar de opinión. Y esa pereza es altamente peligrosa, pues nos lleva a conclusiones muchas veces erróneas que pueden afectar a nuestra vida y a nuestras relaciones.

Crecer creyendo determinada cosa condiciona nuestro modo de ver el mundo. Atrevernos a plantearnos que esa creencia ha sido un constante error, o al menos, atrevernos a modificarla puede cambiarnos la vida.

Pigmalión era un rey de Chipre obsesionado con encontrar una mujer perfecta con la que casarse. Viendo que esa mujer no existía se dedicó a realizar esculturas de mujeres hermosas, una de ellas, a la que dio el nombre de Galatea, encarnaba todas esas virtudes que buscaba en una mujer de carne y hueso, y se enamoró de ella. Una vez soñó que Galatea se transformaba en una mujer real, y al despertar, Afrodita, que se conmovió con los sentimientos de Pigmalión, le concedió su deseo y Galatea se hizo humana.

Este es el efecto Pigmalión. Hay sucesos en nuestra vida que ocurren porque creemos que pueden ocurrir y todas nuestras acciones nos llevan a la realización de esos sucesos. También se les llama “profecías autocumplidas”. El peligro está en que se da tanto con nuestros deseos como con nuestros temores. Y lo peor de todo es que deseos y temores en ocasiones entran en conflicto, se llegan incluso a mezclar peligrosamente y ya no sabemos si deseamos o tememos.

En cualquier caso, si estoy convencido de que el mundo es cruel conmigo, seguramente no dejaré de ver y causar situaciones en las que se ratifiquen mis ideas. Si estoy convencido de que el mundo es grato para mí, mi vida se llenará de situaciones que me lo confirmen.

Creer que sí, será que sí. Creer que no, será que no. Lo mires por donde lo mires, tú eres quien construye tu vida y tu relación con ella. El destino es tuyo, tú decides qué haces con él.

domingo, 21 de agosto de 2011

El boicot

Los bebés no entienden racionalmente lo que les sucede, lo absorben todo emocionalmente, con las tripas, con el alma (luego, cuando son adultos, resulta que si no es racionalmente no entienden nada).

Cualquier cosa que viva y experimenta un bebé puede ser crucial, pues asumir la vida de ese modo implica que lo sentido queda grabado para siempre: en el alma. Hasta en las tripas. Y condicionará el resto de su vida. De algún modo las experiencias de un bebé lo programan para el adulto que va a ser en el futuro.

* * *

Hay veces que de pronto nos damos cuenta de que las cosas en nuestra vida van bien: tenemos trabajo, nos gusta lo que hacemos; tenemos salud y nuestra familia y amigos también están sanos; nos miramos al espejo y nos gustamos; tenemos ganas de sonreír y de levantarnos cada mañana; no tenemos grandes preocupaciones que nos quiten el sueño... Pero pasa en ocasiones que cuando advertimos eso, eso que podríamos llamar felicidad, surge algo en nuestro interior que nos pone alerta, que nos frena los pies y nos dice: “Ten cuidado porque puede pasar algo que empañe todo esto”. No hay, objetivamente, motivo alguno para temer nada, sin embargo, inexplicablemente empiezan a surgir miedos, inquietudes, preocupaciones. Quizá no exista nada que justifique esa desazón y ese desasosiego, pero ahí está. Y nuestra “supuesta” felicidad está, efectivamente, empañada. Se instala en nuestro interior una angustia y un temor, es como si nos hicieran un nudo en el estómago. Y empezamos a ver amenazado nuestro bienestar a diestro y siniestro, empezamos a ver peligros y riesgos en todo aquello que consideramos que en nuestra vida “está bien”. Sí, ahora ya no somos plenamente felices. Ciertamente tenemos todos los elementos para serlo, pero también tenemos el elemento que destaca sobre todos los demás.

¿Por qué ocurre esto? Esa voz interior que nos ha advertido de los posibles peligros que amenazan nuestra felicidad no tiene otra fución que la de sabotearnos. Y cuando mejor estamos se encarga de que ese bienestar dure lo menos posible.

Seguramente crecimos pensando que no merecíamos ser felices, al menos no durante demasiado tiempo, por ello nosotros mismos nos confirmamos con ese tipo de “alarmas” que interrumpen nuestra alegría y nuestra paz, que eso debe ser así, que la felicidad plena y duradera es para otros, no para nosotros. En algún momento de nuestra infancia alguien, sin ninguna mala intención, por supuesto, debió de decírnoslo, con palabras o con hechos. Y nosotros, que por aquellos entonces comprendíamos a través de las emociones, sin cuestionarnos este tipo de cosas, nos lo creímos, crecimos creyéndolo y, lo que es peor, crecimos creyendo que era una verdad inapelable y inamovible. Y la perpetuamos.

Hasta que un día descubrimos que no sólo tenemos el derecho a cambiar de nuestra vida aquello que no funciona, sino que además tenemos la libertad y la capacidad de hacerlo en el momento que dispongamos. Cualquier cosa que creyéramos en el pasado no nos condena en el presente y en el futuro si decidiemos que no nos condene. Si creímos en algún momento de nuestra vida que no merecíamos ser plenamente felices, ahora, en este mismo instante podemos empezar a creer que sí, que sí merecemos ser plenamente felices. Creer, tener fe en algo, tener fe en uno mismo, no es más o menos difícil. Es todo lo fácil o difícil que cada uno decida. Creer que uno tiene derecho a ser feliz, plenamente feliz, es sólo cuestión de creerlo. Creer que se puede ya es poder.

Quizá la tarea menos sencilla sea empezar a rechazar y desatender esa voz que viene a oscurecer nuestro mundo de luz. Aparecerá en numerosas ocasiones, seguramente quiera permanecer a nuestro lado durante mucho tiempo antes de que se canse y nos deje en paz, lo único que tenemos que hacer es decirle: “Muy bien, estás aquí otra vez, pero yo ahora no puedo atenderte, tengo algo mejor de lo que ocuparme”. Se aburrirá y se irá. Sólo es cuestión de tiempo.

miércoles, 27 de julio de 2011

La vita è mobile

No te aferres a nada en exceso.
Lo que ayer fue sólido, hoy se diluye. Del mismo modo, lo que hoy es real, mañana será espejismo.

EL PADRE: Es sólo para saber, entiéndame, si usted en realidad, tal y como es ahora, se ve e a sí mismo...igual que ve, por ejemplo, a distancia de años, al que era tiempo atrás, con todas las ilusiones que entonces tenía, con todas las cosas, en su interior y alrededor suyo, como entonces le parecían...-y que eran así, realmente así, para usted-. Pues bien, señor, volviendo a pensar en aquellas ilusiones que ahora ya no se hace; en todas aquellas cosas que ahora ya no le “parecen” como “eran” para usted hace tiempo, ¿no le da la impresión de que se le hunde, no sólo este entarimado, sino la tierra bajo sus pies, argumentando que “esto” mismo que ahora siente usted, toda su realidad de hoy en día, tal cual es, está destinada a parecerle mañana una ilusión?

Seis personajes en busca de autor, Luigi Pirandello

Multiplicidad de personalidades

¿Es nuestro temperamento invariable, rígido, inamovible y constante exactamente con todo el mundo, o, por el contrario mostramos múltiples yos, múltiples personalidades en función de con quién hablemos, con quién estemos o la necesidad que pretendamos cubrir? Obviamente existe en cada uno de nosotros una constante que no varía hagamos lo que hagamos, hablemos con quien hablemos. Es nuestra esencia. Inquebrantable, inalterable. Constante. Pero es evidente que nos mostramos “diversificados” en cuanto a nuestra personalidad dependiendo de dónde y con quién estemos.

Es un gran error pretender ser siempre “el mismo” en todas las situaciones y con toda la gente, pues no todo el mundo ni en todas las circunstancias son receptivos a todas nuestras facetas. De ahí la frustración en muchas relaciones. El gran reto es saber hasta dónde llegar, qué mostrar, qué ocultar, qué esperar.

Corremos el riesgo, claro, de ser juzgados o considerados por ciertos actos o actutides alejados de esa esencia que nos define.

Por otro lado, nadie nos conocerá, de ese modo, a un cien por cien, siempre habrá lagunas, no podremos aspirar a la comprensión total de nuestra personalidad. Pero, en el fondo, ¿alguien quiere eso realmente?

EL PADRE: Aquí está para mí todo el drama: en la conciencia que yo, que cada uno de nosotros, como puede ver, se cree “uno”, pero no es verdad: porque es “muchos”, sí, señor, “muchos”, dependiendo de todas las posibilidades de ser que llevamos dentro: “uno” con éste, “uno” con aquél; ¡y tan distintos! E imaginamos, sin embargo, que siermpre somos “uno para todos”, y siempre “ese uno” que nosotros creemos ser en cada uno de nuestros actos. ¡Y no es verdad, no es verdad! Nos damos perfecta cuenta, cuando en algunos de nuestros actos, en algún hecho desventurado, nos quedamos de repente como paralizados y colgados; quiero decir que nos damos cuenta de que, en ese acto, no somos todos, y que sería por tanto una injusticia atroz si se nos juzgara sólo por eso, si nos expusiéramos paralizados y colgados en la picota así para toda la vida, como si toda nuestra existencia se viera consumada en ese acto. [...]

Seis personajes en busca de autor, Luigi Pirandello

El código

Si no sé una palabra de chino mandarín y trato de explicarle algo emocionalmente complejo a un chino mandarín que no entiende una palabra de español, sospecho que serán infructuosos mis intentos. Comunicación imposible. O al menos deficiente.
El lenguaje no verbal de un sujeto da más información (muchísima más que la que uno imagina) qus sus propias palabras, su lenguaje no verbal lo desnuda prácticamente, sin embargo, el lenguaje verbal se hace necesario la mayoría de las veces. El problema es que los códigos no coincidan, como con el chino mandarín: comunicación deficiente. Y frustrante, claro.

EL PADRE: ¡Aquí está el error! ¡En las palabras! Cada uno de nosotros posee dentro de sí un mundo de objetos, su mundo de objetos. Pero, ¿cómo podremos entendernos, señor, si en las palabras que yo pronuncio encierro el sentido y el valor de las cosas tal como son dentro de mí, mientras quien las escucha las asume inevitablemente con el sentido y el valor que tienen para él, que tienen en el mundo que lleva dentro? Creemos entendernos, pero nunca nos entendemos […]
Seis personajes en busca de autor, Luigi Pirandello

viernes, 22 de julio de 2011

La Torre

Alguien entendido medianamente en tarot que va a hacerle una consulta a las cartas sabrá que si sale el arcano número XVI está ante una situación incómoda y difícil. Sin embargo, no hay que tenerle miedo a esa carta (situación), ya que es, sin lugar a dudas, el momento de descubrir lo que estaba oculto y que impedía conocer la verdad en su más amplia versión.

Imaginemos que he pasado días, incluso meses o años con los ojos vendados y que sólo conocía lo que oía, lo que me contaban, lo que olía, lo que tocaba... Y de pronto desanudan mi venda, y me dejan ahí, bajo un sol deslumbrador. De entrada me sentiré abrumada ante tanta luz, turbada, cegada. Por unos momentos no veré nada. Pero poco a poco empezaré a vislumbrar aquellas cosas que sólo conocía por otros medios que no eran mis ojos. Y descubriré que en gran medida, ese conocimiento que tenía era parcial, incompleto, deficiente. Sí, me sentiré decepcionada, engañada incluso.

Sin embargo, debería estar contenta.

Descubrir las cosas como realmente son no es ninguna desgracia, es un favor que me hago.

Lo que pasa es que en ocasiones vivo aferrada a mis creencias, a mis opiniones, a mis puntos de vista, y pienso que el mundo está equivocado.

Vivir la crisis que supone la Torre implica romper con los esquemas en los que me he basado toda o gran parte de mi vida. El reto está en saber tener la humildad de no luchar contra ello y dejarme llevar hacia el nuevo camino, aceptando lo nuevo que se me ofrece. Lo doloroso es tener que decirle a mi ego que estaba en un error.

En cualquier caso, estoy completamente convencida de que el verdadero desafío no está en asumir las directrices de la Torre y todo lo que ello conlleva, sino en saber ver la oportunidad en la crisis, en no verse como una mera víctima de un mundo injusto y cruel.

Y tristemente el mundo está lleno de víctimas de otros...

miércoles, 20 de julio de 2011

Cuatro reglas de oro

Por distintos medios llegó a mí esta información en dos ocasiones. Todos los días trato de tenerla en cuenta. A veces tengo que ser más persistente. Está claro que es muy necesario ser receptivo, mantenerse atento y sobre todo darse cuenta.

1) LA PERSONA QUE LLEGA ES LA PERSONA CORRECTA. Nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación. Yo diría incluso que aquella persona que te lo pone difícil es la que va a provocarte las situaciones de las que más vas a aprender. En cualquier caso, eso sólo depende de uno mismo.

2)LO QUE SUCEDE ES LA ÚNICA COSA QUE PODRÍA HABER SUCEDIDO. Nada, absolutamente nada de lo que sucede en nuestras vidas podría haber sucedido de otra manera, ni siquiera el detalle más insignificante. Todo sucede del modo en que sucede porque así tiene que ser. Luchar contra eso es infructuoso y absurdo.

3) EN CUALQUIER MOMENTO QUE COMIENCE ES UN MOMENTO CORRECTO. Todo comienza en el momento indicado, ni antes ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas allí es cuando empezará.
Y para que aprendamos esa lección y sigamos adelante, todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.
La paciencia es una gran virtud a la hora de aceptar esta regla. La prisa es contraproducente.

4) CUANDO ALGO TERMINA, TERMINA. Simplemente así, si algo en nuestra vida termina es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejalo, seguir adelante ya enriquecidos por la experiencia. Es más, cuando algo termina, algo empieza.

martes, 7 de junio de 2011

Ser sincero es un riesgo, por eso nos inventamos un personaje.

Nos inventamos un personaje muy atractivo e interesante (más de lo que pensamos que somos), que a veces tiene poco que ver con nosotros. Nos sentimos en la necesidad de que el mundo nos acepte, nos quiera, nos admire. Y ser nosotros mismos a veces no lo garantiza pues reconocemos que quizá no seamos tan “aceptables”, tan “amables” ni tan “admirables”.

En ocasiones el mundo nos contesta como nosotros queremos (desde lo que nosotros ofrecemos, nuestro “personaje”) y, en nuestro fuero interno, sentimos que estamos engañando al mundo, porque sabemos que hemos maquillado con nuestra imagen la visión que ofrecemos a los demás.

Ser sincero, ser uno mismo es un riesgo: podemos no gustar, podemos resultar menos interesantes. Pero al menos no seremos esclavos de una imagen. No tiene ningún sentido que nos quieran por lo que no somos y esconder lo que somos bajo una apariencia falsa.

Nos volvemos más atractivos al mundo cuanto más nosotros somos, con nuestras debilidades, nuestras imperfecciones y nuestras diferencias, cuanto más nos gustamos y más relajados estamos con nuestra forma de ser y de estar en el mundo, cuanto más nos queremos, cuanto menos nos traicionamos.

Ser uno mismo es un riesgo. Ser libre es un riesgo. Hay que atreverse a ser uno mismo si lo que queremos ofrecer al mundo es verdad.

jueves, 2 de junio de 2011

Las 10 necesidades básicas

Un individuo completamente sano debe tener cubiertas estas 10 necesidades básicas. Si una de ellas no está cubierta o lo está de forma insuficiente, o existe cierta insatisfacción, hay un desequilibrio que se hace necesario corregir.

1 - Respirar : Parece obvio, respiramos de forma automática, no estamos pendientes de tener que hacerlo y creemos que eso es suficiente. Pero no, generalmente respiramos mal, sobre todo al hablar (o al cantar los cantantes), gritamos más de la cuenta...Por otro lado, si se fuma, se está afectando directamente a la respiración; o cuando soportamos durante mucho tiempo olores desagradables.

2 - Comer : Alimentación sana (a veces comemos cualquier cosa...)

3 - Beber : hay gente que se excede con el alcohol, o no bebe suficiente agua.

4 – Orinar : en ocasiones hay desarreglos urinarios, o nos aguantamos más de la cuenta.

5 - Defecar :el estreñimiento impide que la cosa funciones bien, o aguantarse más de la cuenta.

6 - Dormir y descansar: a menudo estamos muy cansados, tenemos sueño, nuestro cuerpo nos da señales inequívocas de que hay que parar, pero continuamos trabajando o haciendo lo que sea que estemos haciendo, porque consideramos que es más importante que nuestro descanso.

7 - Amor : también hacia nosotros mismos, de hecho ese es el amor más importante porque si no tenemos ese amor, no podemos dárselo a los demás, sin embargo apenas le damos importancia y nos volcamos hacia afuera, dando amor a los demás, aunque sea de forma insana.

8 - Sexo : tanto si se tiene pareja como si no, es más, con frecuencia ni con pareja fija se tiene sexo satisfactorio.

9 - Acción :no podemos solamente decir qué vamos hacer, hay que pasar a la acción, hay que actuar. Detectar una necesidad y no pasar a la acción para cubrirla no sirve para nada.

10 - Creatividad : surge de todo lo anterior, se hace necesaria para conseguir ciertas cosas de lo anterior.

martes, 31 de mayo de 2011

¿Qué papel desempeño en mi vida?

Pensamos que somos como creemos que somos, es más, pensamos que somos como creemos que somos y además que eso es inevitable e inamovible.

“Yo soy como soy y no puedo cambiar. Eso es así”.

No. Primero, no somos como creemos que somos. Y eso que creemos que somos es tan voluble como queramos que sea. Sólo hay que querer.

Si tuviera que hacer una lista de algunos de los adjetivos que pueden definir a una persona, se podría decir de alguien que es impaciente, solitario, envidioso, responsable, egocéntrico, trabajador, injusto, antisocial, tímido, inseguro, suspicaz, con baja autoestima, simpático, dependiente, valiente, rencoroso, cariñoso, tenaz, miedoso, vergonzoso, celoso, posesivo, agradecido, tierno, influenciable, divertido... estos términos podrían definir a cualquiera, incluso a mí. Sin embargo, muchos de estos calificativos son fruto únicamente de introyectos que desde la infancia han sido imbuidos en el sujeto de modo que ha crecido creyendo que realmente es eso: “eres muy miedoso”, “no seas tan vergonzoso”, “eres muy trabajador”...

Repetir determinados comportamientos hasta el punto de “definirnos” ante los demás o ante nosotros mismos no nos convierte en eso.

Pero es obvio que el mismo individuo al que se le podían aplicar los adjetivos anteriores, también ciertamente puede mostrarse en determinados momentos y circunstancias de su vida como un ser paciente, sociable, noble, altruista, irresponsable, vago, justo, aburrido, seguro, esquivo, independiente, arrojado, cobarde, arisco, caritativo, confiado, antipático, caritativo, desagradecido, atrevido, liberal y con una alta autoestima.

No es ni una cosa ni otra.

Únicamente adoptamos un rol, desempeñamos un papel. Cada momento o situación de nuestra vida requiere determinada actitud para conseguir nuestros objetivos o cubrir nuestras necesidades. No soy envidiosa, sólo desempeño ese papel en ciertas circunstancias. No soy valiente, sólo desempeño ese papel en ciertas circunstancias. Es cierto que según cómo se haya forjado nuestro carácter y según nuestra herencia genética a ese respecto, nos sentiremos más identificados con un rol más que con otro, pero eso no significa que seamos esclavos de ese comportamiento o esa actitud.

Por eso, una actutud que nos beneficia puede ser potenciada, del mismo modo que una actutud que nos perjudica puede ser modificada hasta ser totalmente eliminada de nuestra vida. Nadie está condenado a ser como es (o como cree que es, o como los demás le dicen que es).

Si no nos gusta lo que hay sólo hay que cambiar. Y, como ya he dicho varias veces, sólo hay que necesitarlo verdaderamente para cambiar

domingo, 29 de mayo de 2011

El ciclo gestáltico. El ciclo de la experiencia

Hay una serie de etapas que deben completarse para que el sujeto pueda autorregularse y equilibrarse cuando surge una necesidad.

1) Estado de "Reposo": se ha resuelto una gestalt anterior, es decir, se ha satisfecho una necesidad y el sujeto está equilibrado.

2) La "Sensación": De pronto el individuo siente algo que lo saca de su reposo y equilibrio. Aparece una intranquilidad.

3) "Darse cuenta": Ahí es donde se identifica la nueva necesidad. Las necesidades pueden ser de cualquier tipo, una preocupación, hambre, una cuestión emocional... Y también se identifica aquello que puede satisfacerla.

4) La "Energetización": en esta fase el individuo reúne la concentración y energía necesarias para satisfacer su necesidad.

5) La "Acción": Se crea el movimiento necesario, haciendo uso de la energía concentrada en el estadio anterior, para lograr lo que se desea.

6) El "Contacto": El sujeto contacta con el objeto de su necesidad y esta es finalmente satisfecha.

7) Estado de "Reposo": …...

Un individuo que cierra sin interrupciones sus ciclos gestálticos es, en el más amplio sentido de la palabra, un individuo sano. Sin embargo, interrumpimos y detenemos estos ciclos constantemente boicoteándonos a nosotros mismos. Un ciclo inconcluso se convierte en un parásito que se instala en nuestra vida consumiendo nuestra energía, y que permanecerá en ella mientras no se satisfaga la necesidad.

A veces resulta muy obvia la necesidad a satisfacer y cómo hacerlo, sin embargo no lo vemos (escotoma), es evidente que algún beneficio obtenemos al no resolver el conflicto, aunque no queramos / sepamos reconocerlo. Los mecanismos neuróticos son los que de un modo muy claro ralentizan nuestra tarea de cerrar ciclos y cubrir necesidades. Por ello es tan importante "Darse cuenta" y "Actuar" sin demora ante ello.

viernes, 27 de mayo de 2011

Egocentrismo, Egoísmo, Altruismo

Debido a nuestra cultura y nuestro Código Cultural de Vida, adquirido desde la cuna y alimentado año tras año a lo largo de nuestra existencia, siempre hemos considerado que el Egoísmo era algo malo. Esa idea es errónea por el sencillo hecho de que se han equivocado los términos.

A ambos extremos tenemos el Egocentrismo y el Altruismo. Éste ha sido considerado tradicionalmente una actitud más loable que el egocentrismo y que el egoísmo, sin embargo plantea unas actitudes muy dañinas:

El altruista nunca acepta nada, sólo da. No se siente digno de recibir nada de los demás. Vive por y para dar y darse a los demás. Siempre quiere agradar, por ello es sumamente dependiente. Le da mucha importancia a su imagen. Se convierte en un ser servil, sumiso y, en consecuencia, en una víctima. Finalmente está frustrado, sufre y se siente solo. Vive una fantasía en la que siempre la culpa la tiene él.

Por su parte el egocéntrico nunca da y nunca pide. Se siente autosuficiente e independiente. Nunca reconocerá necesitar nada. Se siente un ser único que no necesita nada de los demás, por eso se siente por encima de los demás y los humilla. Es prepotente y en ocasiones hace uso del sarcasmo y la soberbia. También en el fondo está frustrado, sufre y está solo. Vive una fantasía en la que la culpa es siempre del otro.

El egoísta sabe dar y recibir. Pide cuando necesita algo. Es un ser interdependiente. Es responsable, es decir, asume la realidad, afronta las situaciones y las consecuencias de éstas. Está en contacto con “lo que es” sin entrar en juzgarlo o interpretarlo. Siente respeto por sí mismo y por el otro. Y desarrolla la filantropía.


EGOCENTRISMO
(amor al YO como centro de todo)
EGOÍSMO
(amor al YO sanamente)
ALTRUISMO
(amor al OTRO por encima de todo)
- No doy, no pido
- Independiente
- No necesito
- Yo soy único
- Humillación del otro
- Prepotencia
- Sarcasmo
- Soberbia
- Frustración=Sufrimiento=Soledad
- La culpa es del otro
- Fantasía
- Doy, recibo
- Pido
- Interdependiente
- Responsabilidad
- Acepto las consecuencias
- Contacto con “lo que es”
- No juicios ni interpretaciones
- Respeto
- Filantropía
- No acepto, sólo doy
- No pido lo que necesito
- Agradar
- Dependiente
- Importancia de la imagen
- Servilismo
- Sumisión
- Víctima
- Frustración=Sufrimiento
- Soledad
- La culpa es mía
- Fantasía

jueves, 26 de mayo de 2011

El "Darse cuenta"

Para entender la idea del “darse cuenta” debemos comprender antes qué significa estar AQUÍ y AHORA, y para ello hay que entender que sólo existe el presente. Que la vida es sólo presente.

El pasado existe sólo como parte del presente. Pero es sólo una idea, una fantasía nuestra. Eso significa, como idea que es, que existe desde nuestra perspectiva. Una misma experiencia vivida por dos personas en el mismo lugar y al mismo tiempo, tanto cuando fue una experiencia presente como cuando es vista con la distancia del tiempo y ya es pasado, es vista y vivida de forma distinta, desde perspectivas distintas, desde puntos de vista distintos. Del mismo modo, el futuro es también una idea, una fantasía, y sólo está en nuestra cabeza. Podemos imaginar, especular, adelantar acontecimientos, incluso pueden ayudarnos esas acciones en determinados momentos, pero no podemos olvidar que están en el mundo de la fantasía.

El pasado sólo fue real cuando fue presente, y el futuro sólo será real cuando sea presente. Luego sólo el presente es real.

El presente es lo que está pasando AQUÍ y AHORA. Y “darse cuenta” es entrar en contacto de manera natural y espontánea con lo que sucede en el AQUÍ y AHORA.

Existen tres zonas en las que “darse cuenta”.

1) Darse cuenta en el mundo exterior: se trata de sentir lo que hay fuera de mí, las cosas que veo, oigo, siento, huelo... y ante mí, a mi alrededor.

2) Darse cuenta en el mundo interior: tiene que ver con lo que siento en mi cuerpo: respiración, tensión muscular, molestias, relax...

3) Darse cuenta en la fantasía (zona intermedia): es todo aquello que surge en nuestra mente en forma de especulación, imaginación, recuerdo, plan, anticipación del futuro, interpretación... Lo más sano es verlo como lo que es, pura fantasía.

martes, 24 de mayo de 2011

Importancia personal e Imagen

Nuestra Importancia Personal responde a una imagen que creamos y defendemos a toda costa para sentirnos valorados. Ello surge a partir de un complejo de inferioridad, de un déficit de autoestima y seguridad que hace necesaria esta defensa de la imagen. Obviamente en determinadas ocasiones la Importancia Personal actúa como defensa ante una amenaza, pero generalmente, mal gestionada, es perjudicial.

¿Qué actitudes evidencian un exceso de Importancia Personal?

- La envidia, el desprecio, los celos... (la proyección)
- El victimismo, el control, la manipulación.
- El miedo a lo que el otro vaya a pensar, el miedo al ridículo, la vergüenza.
- El orgullo, la vanidad, la prepotencia, la inmodestia, el egocentrismo.
- La fantasía: interpretaciones, juicios y evaluaciones arbitrarias.
- La desconfianza, la sospecha.
- La sensiblería.

Muchas veces vivimos esclavos de una imagen que queremos ofrecer a los demás. Nos inventamos un "yo alternativo" que es el que mostramos a los demás. Ese "yo" responde a lo que deberíamos ser de forma natural pero que no somos, porque nos reconocemos imperfectos, y no queremos mostrar nuestras debilidades y nuestras imperfecciones.

Por ello, por defender esa imagen y asegurarnos una buena opinión por parte de los demás tenemos diversos comportamientos que se pueden resumir en una simple palabra: Hipocresía

- Decimos o no decimos algo en contra de lo que verdaderamente pensamos o sentimos.
- Hacemos o no hacemos algo que realmente no concuerda con nuestras necesidades.
- Soportamos situaciones que nos resultan incómodas.
- Consentimos actitudes de los demás con las que no concordamos.
- Sonreímos falsamente ante lo que en el fondo nos repele.
- Nos importan las apariencias.
- Nos importa el qué dirán o pensarán.
- Nos confluenciamos por miedo al rechazo y la soledad.
- Queremos dar motivos para que hablen bien de nosotros.

Sería interesante darnos cuenta cuando actuamos movidos por nuestra Importancia Personal y cuando estamos tratando de defender una Imagen (que no es un reflejo fiel de nuestra personalidad). La mayoría de las veces todo es pura fantasía, otra vez esa fantasía que nace y reside en nuestra mente. Nosotros mismos somos los que nos planteamos lo que el otro piensa o podría llegar a pensar, lo que el otro diría o haría si nosotros fuéramos realmente nosotros, corriendo los riesgos que supondría ser nosotros. Y nuestra actitud responde a esa fantasía, de modo que al final no actuamos en función de lo que el otro podría pensar de nosotros si no actuáramos según sus expectativas, efectivamente no es la opinión del otro que, aún no ha podido manifestarse, sino que en el fondo actuamos en función de nuestra propia opinión. Pongamos un ejemplo:

Un amigo me llama y me pide que lo acompañe a comprar un microondas, se siente muy abrumado en las grandes superficies y querría mi compañía y mi consejo. Pero lo que realmente yo quiero es pasar la tarde leyendo en la playa bajo el sol y no me apetece en absoluto meterme en un centro comercial. Mis opciones podrían ser dos:

a) Soy sincera y digo que no me apetece, y que tenía otros planes para esa tarde.
b) Hago caso omiso a mi verdadera necesidad y lo acompaño a comprar el microondas.

¿Por qué elegir b) y no a)? Por pura imagen. ¿Qué puede pensar mi amigo si no lo acompaño? Que soy mala amiga, que no se puede contar conmigo, que sólo me importo yo, que no soy buena, que no respondo a lo que se espera de mí…... Demasiado para soportarlo sobre mi conciencia. Pero eso no necesariamente son potenciales opiniones de mi amigo, es lo que yo pensaría en su lugar, es mi propia opinión y conforme a la que actúo.

¿Por qué elegir a) y no b)? Por pura coherencia con uno mismo. Tener un compromiso externo más firme que nuestro propio compromiso con nosotros mismos no nos hace mejores personas; que no respondamos a nuestras propias necesidades por responder a las ajenas nos hace, en efecto, menos confiables.

Podría existir incluso una opción c) Hoy no, quiero / necesito hacer otra cosa, si quieres te acompaño en otro momento.

Lo más importante de todo es ser realmente sincero con uno mismo, y para ello no hay que pensar, sólo hay que sentir en el estómago de dónde venimos cuando emitimos nuestra respuesta (a, b o c): de nuestra necesidad o de la imagen que queremos dar.

Mi autoengaño

Creemos que vivimos una realidad, pero constantemente nuestra mente vive una fantasía. La mayoría de las veces vivimos la fantasía que nuestra mente nos impone.

Sin ir más lejos, nuestros mecanismos neuróticos nos impiden estar en el mundo de forma totalmente real. Creamos la fantasía de los celos y la envidia (proyección), echamos la culpa al otro (deflexión), nos aferramos a creencias impuestas (introyección), nos autocastigamos con reproches y culpa (retrofexión), nos amoldamos a voluntades ajenas (confluencia) y lo más descaradamente “fantasioso”, cerramos directamente los ojos a nuestra realidad, miramos a otro lado, vemos otra cosa (escotoma).

Cuando nuestra realidad es incómoda la reinventamos sin más, y la mayoría de las veces no nos apercibimos de ello, por eso somos capaces de vivir durante años sin darnos cuenta de que todo ha sido una auténtica farsa, creada por nuestra frustración, nuestro resentimiento, nuestro sentimiento de culpa, nuestro orgullo, o sencillamente por no hablar cuando es necesario hacerlo...

Sería tan fácil como preguntar, comunicarse. Decir.

Llevar la razón” nos da poder, nos hace fuertes, nos da seguridad, aumenta nuestra autoestima; por eso mucha gente ansía tener la razón, hasta tal punto que reconcer que otro tiene más razón que nosotros nos devalúa y nos quita fuerza, nos debilita; y es un trago que no estamos dispuestos a aceptar.

En ocasiones nuestra “razón”, la que creemos que tenemos, es puro fruto de nuestra fantasía. En el fondo lo sabemos, pero nos negamos a ponerlo a prueba por temor a poner en evidencia precisamente eso, una creencia basada en fantasías: sospechas, imaginaciónes, “yo creía”, “yo pensé”, "seguro que..." ...

En lugar de hablar, preguntar y resolver, quizá resulta más cómodo creer, sospechar, suponer, imaginar. ¿Cuántas cosas se han quedado sin resolver o se han resuelto mal por ser cómodos?

Está bien. Es una forma de actuar como otra cualquiera. Pero creo que es necesario, para la buena salud emocional de uno, y sobre todo para ser justo y coherente con el mundo, plantearse estas cosas y reconocerlas, ver que, en la mayoría de los casos, es un acto de soberbia, pues, realmente pensamos que nosotros estamos en posesión de la verdad y el otro está equivocado. Y una vez hecho esto, actuar con responsabilidad. Se puede seguir siendo cómodo si es lo que se prefiere, pero asumiendo responsablemente las consecuencias de nuestra comodidad.

lunes, 23 de mayo de 2011

La culpa

Todo comienza a partir de la expectativa que otro crea en nosotros. Entonces nosotros decimos o hacemos algo que en ese momento responde a nuestra necesidad y choca con nuestro Código Cultural de Vida (este código ya sabemos que nos presiona para hacer algo que "socialmente" esté bien visto aunque a veces no se corresponda con nuestra necesidad).

Ese CCV, como un juez-verdugo implacable, nos dice que eso que hemos dicho o hecho ante la expectativa de otro, no cumpliéndola, no está bien, es incorrecto. Es ahí donde surge la culpa. Nos sentimos culpables por no haber respondido a las expectativas de otro.

Muchas veces, para que la culpa no surja preferimos hacer caso omiso de nuestra necesidad y atendemos a esa expectativa. Y ahí es cuando, por no "traicionar" al otro, nos traicionamos a nosotros mismos. También para no traicionar la imagen que, por Importancia Personal, mostramos a los demás. En cualquier caso da igual, porque también surge la culpa por habernos fallado a nosotros mismos (aunque tratemos de consolarnos pensando que hemos hecho lo que “debíamos hacer”. Eso no vale para nada).

Ante la culpa podemos tener dos reacciones. Por un lado la deflexión, responsabilizando a los demás, estando resentidos con ellos o con nosotros mismos. Y por otro lado no aceptamos en nuestro fuero interno haber hecho o dicho aquello.

Con aquellas personas que crean un nuevo CCV (presente y modificado), pueden ocurrir que, aunque nos apoyemos en este nuevo código, nos autoengañamos porque aún persiste un "yo profundo" que se sigue sintiendo culpable, lo cual implica que ese nuevo código no está basado en el respeto y la necesidad de uno, y mientras no lo esté la culpa persistirá. Cuando el CCV modificado está asumido es cuando acepto la realidad y me hago responsable.

Detrás de la culpa hay dos cosas:

- No acepto lo que dije, hice, pensé, sentí.
- Estoy resentido.

Es importante ver más allá de la culpa y descubrir qué hay detrás para resolver, ya que prolongar demasiado tiempo el sentimiento de culpa, además de manipulativo, es inútil y poco eficiente pues implica la inacción del sujeto. Y sin acción no hay cambio. Y sin cambio no hay evolución.

El Código Cultural de Vida

Pertenecer a una cultura, sea ésta la que sea, implica beber de diversas fuentes que van a influir en nosotros de manera decisiva. Desde antes de nacer nuestros padres ya están depositando una serie de expectativas en nosotros y esperan incluso ciertos comportamientos que, en la medida en que puedan, querrán guiar y controlar mientras les sea posible. Todo ello ocurre mientras nos inculcan una serie de introyectos que previamente ellos han aprendido de sus padres y éstos de los suyos, y así sucesivamente durante generaciones y generaciones.

Ya en el vientre de nuestra madre, en nuestra extrema pureza, desde el código que rige la sociedad a la que pertenecemos, la escuela, la Iglesia, los medios de comunicación... nos empiezan a llenar de introyectos: los chicos no lloran, hay que respetar a papá y mamá, las chicas deben ser buenas "amas de casa"... diseñándonos para adoptar determinados comportamientos que respondan a lo que la sociedad requiera. Aparte de eso, nuestra familia influye constantemente sobre nosotros, que, niños inocentes y sin capacidad aún de distinguir o dilucidar, absorbemos toda esa información como la única verdadera y válida. La creemos y aceptamos sin más, sin digerirla, sin analizarla, sin plantearnos si realmente nos conviene o no.

Y con todo ese cóctel de creencias, comportamientos y actitudes aprendidos, creamos nuestro Código Cultural de Vida (CCV). Son nuestros valores, pero no son nuestros porque los hayamos creado nosotros, son nuestros porque los hemos hecho nuestros, son los que utilizamos y por los que nos regimos. Y no necesariamente tiene que coincidir con el CCV de nuestro vecino. De ahí los conflictos, la mitad de las veces por cuestiones que no son nuestras, que ni siquiera creemos en lo más hondo de nosotros...

Pero habría que plantearse qué elementos de ese código son realmente válidos en nuestra vida, distinguir qué hay que sea verdaderamente nuestro y qué aprendido e imitado. Sería un gran ejercicio de depuración y de limpieza hacer un análisis de nuestro Código Cultural de Vida y eliminar aquello con lo que no nos identificamos, cambiarlo, sustituirlo por lo que en realidad nos defina. Ello implicaría necesariamente un auténtico shock tanto para nosotros como para nuestro entorno, pues supondría generar cambios en nuestra vida en algunos casos radicales. Habría que estar dispuesto a eso.

Pero ya sabemos que los grandes cambios surgen de las grandes necesidades.

Las expectativas

Generalmente estamos acostumbrados a crear expectativas en los demás, esperamos de ellos determinados comportamientos, incluso en situaciones que no dependen de los ellos; pero eso nos importa poco porque lo más importante es que se cumplan nuestros deseos. Lo más grave de todo es que no pedimos permiso para crearnos esas expectativas.

Obviamente esas expectativas, creadas únicamente respondiendo a nuestras necesidades o deseos, muchas veces no se cumplen, no tienen por qué cumplirse; sin embargo, casi nunca nos planteamos eso. Y cuando eso ocurre se dan una serie de acontecimientos que sería interesante analizar para en el futuro gestionarlos con inteligencia (emocional) y no sufrir ni hacer sufrir al prójimo.

Se trata de un problema de comunicación, "damos por hecho" ciertas cosas sin antes consultar o confirmar nada. Consideramos que, sólo porque nosotros haríamos o diríamos determinada cosa, el otro también tiene que hacerlo o decirlo. Consideramos que si el otro no es como nosotros, o no hace lo que nosotros esperamos que haga, además de estar equivocado, no nos quiere ni nos trata bien.

La expectativa no cumplida supone frustración, sufrimiento y resistencia. Surge enseguida la tristeza por no ver cumplidos nuestros deseos, sin embargo, debemos tener muy claro que la tristeza es transitoria, no dura demasiado, muy pronto deja de ser tristeza para, con la misma apariencia, convertirse en la máscara de la ira, el resentimiento, el enfado, la rabia, la frustración, la impotencia... A partir de ahí las actitudes pueden ser diversas: la prepotencia, el resentimiento, el sarcasmo... esa rabia no liberada o liberada a través del veneno de la ironía y la prepotencia, se vuelve contra nosotros provocándonos en el peor de los casos incluso la enfermedad.

¿Cómo resolvemos esto? ¿Cómo liberamos nuestra frustración? Golpeando.

La rabia no se desahoga hablando, llorando, gritando, corriendo, o con yoga. Se libera golpeando. Sería muy recomendable disponer de un cojín sobre el que poder descargar toda nuestra ira con toda la fuerza con la que ésta quiera salir, sin tapujos y sin reparos. Y golpearlo repetidas veces hasta que nos sintamos liberados totalmente de ese resentimiento.

Otra cuestión es cuando se trata de lo que yo llamo una "Expectativa legal", es decir, aquella expectativa que no nos hemos creado sin permiso, sino que ha surgido de un compromiso previo por parte de la otra persona. No ha sido una expectativa creada en la fantasía, sino en la realidad. Cuando se incumple ese tipo de expectativas el sentimiento de frustración es totalmente lícito, pero no por ello debemos alojarlo dentro de nosotros. Además de liberarlo del modo que he sugerido más arriba, estamos en nuestro derecho de solicitar a la persona que ha frustrado nuestras expectativas algún tipo de compensación que nos resarza de algún modo (esa compensación debe ser coherente, basada en la realidad y por supuesto no podrá ser cuestionada en el futuro).

Ni que decir tiene que del mismo modo deberíamos actuar cuando somos nosotros los que no cumplimos.

En cualquier caso sería muy interesante plantearnos que no siempre lo que deseamos se corresponde con lo que es mejor para nosotros. Por eso lo más inteligente es aceptar con optimismo lo que nos llega aunque no coincida con lo que deseamos o no se vean cumplidas nuestras expectativas. Porque lo que llega siempre es lo mejor.

domingo, 15 de mayo de 2011

Los mecanismos neuróticos (III) CÓMO RESOLVEMOS

Muy bien, conozco los mecanismos neuróticos. Ahora, ¿por dónde empiezo?

Lo primero es dar estos tres pasos:

1º) Tomar conciencia de la necesidad de cambio.
2º) Adquirir un compromiso real con uno mismo.
3º) Ser responsables.

El cambio se producirá única y exclusivamente cuando exista una verdadera necesidad de cambio. No se puede insistir en que nuestra vida requiere un giro de 180 grados y permanecer cómodos en esa situación.

Evidentemente el compromiso con uno mismo es fundamental. Si eso no se da, todo lo que hagamos será en vano pues constantemente buscaremos excusas para no ser responsables, dejaremos en manos de los otros o del entorno nuestro cambio y nuestra vida, y al final, obviamente, no ocurrirá nada. Con lo cual, fundamental el compromiso, sabiendo que ello puede suponer en ocasiones momento difíciles y situaciones embarazosas.

Cuando hablamos de ser responsables no estamos hablando de obligaciones, cuidados o cargas. El término RESPONSABILIDAD es un compuesto de “responsa”, que significa RESPUESTA, y “-bilidad” que significa HABILIDAD. Es decir, que responsabilidad no es más que HABILIDAD DE RESPUESTA. El que es responsable tiene la habilidad de responder ante cualquier situación y además, asume las consecuencias de sus actos. Si no asumimos las consecuencias de nuestros actos no somos responsables. Ejemplos:

- Si mis padres requieren mi atención constantemente, y yo accedo a ese control porque desde mi "Código Cultural de Vida" un buen hijo debe comportarse así aunque en realidad mis necesidades sean otras, lo que estoy haciendo es responder a un introyecto y no me hago responsable.

- Si consiento que haya gente que me cae mal, que tiene comportamientos que no soporto y despierta en mí un sentimiento de rechazo, me estoy proyectando y no soy responsable.

- Si yo me quejo constantemente de que hay alguien en mi trabajo que me amarga la vida pero no hago nada, lo único que estoy haciendo es deflexionar y no soy responsable.

- Si caigo en una depresión porque mi vida es un desastre. Estoy "retroflexionando" y no soy responsable.

- Si me aterra discutir con el otro, exponer y defender mi opinión, y finalmente acepto y asumo el punto de vista del otro por no entrar en conflicto, me estoy confluenciando y no estoy siendo responsable.

- Y por último, cuando estoy sufriendo por un problema pero aun teniéndola delante, no veo la solución, estoy "escotomizada" y no soy responsable.

Los mecanismos neuróticos (II) CONCLUSIONES

- Los mecanismos de defensa (neuróticos), no son buenos ni malos, todo depende del uso que se haga de ellos. Se vuelven neurosis cuando se vuelven inadecuados, se enquistan y se hacen crónicos.

- La neurosis no es una enfermedad, es un modo de estar en el mundo y relacionarse con él. No se tienen neurosis, se es neurótico. La neurosis es nuestra identidad.

- La neurosis se instala en nosotros progresivamente (exceptuando situaciones traumáticas), a base de repetirse determinada conducta, formando poco a poco nuestra identidad.

- Generar un cambio, que surge solamente cuando hay una verdadera necesidad, implicaría romper con nuestra identidad para crear otra nueva. Eso, obviamente, genera rechazo porque hay que movilizar toda la estructura que, a su vez, implica abrirse a algo nuevo y desconocido que tememos.

- Por ello el individuo generalmente, ante la necesidad de un cambio, se siente en conflicto ya que reconoce esa necesidad pero la teme.

- De ahí que el conflicto se intente resolver con un “no puedo”. Pero hay que saber que detrás del “no puedo” está el “no quiero”, y se prefiere depositar la responsabilidad fuera en lugar de asumirla: en el “no puedo” no tenemos potencial, en el “no quiero” sí.

- El “no quiero” no significa conocer las causas por las que no se quiere.

- La neurosis supone evitar el contacto con uno mismo, con el otro y con el medio.

- El neurótico confunde rutina con carácter.

La confluencia

Cuando se rompen los límites entre el individuo y el ambiente aparece la confluencia, es decir, el individuo como individuo diferenciado deja de existir para formar parte y con-fundirse con el entorno. Se trata de un caso extremo de alienación, no se tienen metas propias, se va a la deriva, el individuo se deja llevar sin oponer resistencia o su propia voluntad. No tiene mucho que decir, es más, es incapaz de definirse a sí mismo o a los demás; ni es capaz de trazar el límite entre él y los demás. Ha creado una relación de dependencia con el entorno que le impide confiar en su propio potencial y en sus capacidades.

Todo ello significa que el contacto entre él y los demás, en total fusión, no pueda ser espontáneo, vivo, fluido, natural. No está en contacto con sus necesidades, por ello no puede satisfacerlas.

En las relaciones interpersonales siente la necesidad de que exista similitud, no tolera las diferencias. Esto se da por ejemplo entre padres que consideran a sus hijos como una extensión de sí mismos. El niño se ve obligado a confluir con sus padres para ser amado.

También en parejas, obviamente. Este tipo de relaciones es insano en el sentido de que no se aceptan diferencias ni disparidades de opiniones, el individuo confluyente siente la necesidad constante de estar en armonía con el otro, aunque sea a costa de las propias emociones y necesidades.

El escotoma

Ante lo que no queremos oír, ver o decir permanecemos sordos, ciegos  y mudos. Si no vemos ni oímos lo que nos incomoda sencillamente parece que desaparece. Si no decimos lo que necesitamos decir me obligo a que desaparezca la necesidad. Pero nada desaparece.

El escotoma implica:

- No arriesgarse
- Autoengañarse
- Vivir en la fantasía
- Ser irresponsable

miércoles, 11 de mayo de 2011

La retroflexión

En la retrofexión el sujeto se hace a sí mismo lo que querría hacer al otro o al ambiente. Cuando lo sano sería emplear sus energías hacia fuera para manipular el ambiente y satisfacer sus necesidades, en lugar de eso las vuelve hacia sí, atacándose. De este modo actitudes como morderse las uñas, el narcisismo, el autocontrol, la depresión, la culpa, la desvalorización, la autodestrucción... son totalmente retroflectivas.

La deflexión

En la deflexión se evita el contacto con “el otro”, tratamos de centrar la atención en otra cosa para evitar lo que en realidad debería ser el centro de nuestra atención. Deflectamos cuando hacemos cualquier otra cosa antes de afrontar lo que de verdad importa y lo que de verdad hay que hacer. Se habla y se hace, pero no se asimila la experiencia.

Algunos de los comportamientos deflectivos son:

- Salirse por la tangente, irse por las ramas.
- Preferir ser cortés a ser sincero.
- Hablar del pasado cuando lo presente es más importante.
- Hablar “de” alguien antes de hablar “con” alguien.
- Depositar la responsabilidad fuera de nosotros (culpar a otros, al ambiente, al destino, la suerte).
- Poner excusas para no afrontar la realidad y resolver los problemas.
- ...

martes, 10 de mayo de 2011

La proyección

El mundo es un espejo en el que nos miramos constantemente. Todo lo que vemos fuera de nosotros no es más que un reflejo de lo que somos por dentro.

Cuando envidiamos, admiramos o vemos en los demás algo que nos gusta o que no nos gusta, estamos PROYECTANDO en los demás cualidades que no vemos, no reconocemos o nos negamos a ver y reconocer en nosotros mismos. Todo lo que vemos en los demás lo tenemos nosotros también. Sólo hay que saber recoger la proyección. Cuando admiramos algo positivo en otra persona hay que saber buscar en nosotros mismos las situaciones en las que somos así o desarrollamos esa habilidad. Sólo tenemos que dirigir la mirada hacia nosotros mismos buscando eso que vemos en los demás. Y si buscamos lo encontramos, porque está ahí, eso es seguro.

Lo mismo ocurre cuando vemos que alguien tiene algo que no nos gusta y nos cae mal. Eso que rechazamos de los demás y que provoca en nosotros una sensación incómoda, está también en nosotros. Sólo hay que saber reconocerlo. La habilidad o actitud está ahí, pero cada uno la utiliza de una manera, y nosotros hacemos uso de esa habilidad también en determinados momentos y con determinada gente, aunque no nos guste recocerlo.

Pasa a menudo que queremos ser perfectos o al menos muy muy buenos, y tener esa "mancha" nos incomoda. Otra cosa que nos impide ver en nosotros eso que rechazamos en los demás es que no queremos parecernos a esos a los que rechazamos.

Con la envidia pasa igual. Eso que envidiamos, incluso cuando es algo aparentemente material, lo tenemos también nosotros. Por ejemplo, alguien puede envidiar la altura de otro. Evidentemente se tiene la altura que se tiene y eso no se puede cambiar, sin embargo, lo que significa ser alto, por ejemplo belleza, elegancia, esbeltez...eso mismo lo tiene en sí el que ansía ser más alto, lo que pasa es que no lo ve.

El trabajo puede resultar a veces difícil, pero hay que hacerlo. Si NOS PROYECTAMOS (admiramos, envidiamos, rechazamos) pero no RECOGEMOS LA PROYECCIÓN (reconocer conscientemente y aceptar en nosotros aquello que admiramos, envidiamos y rechazamos) no hacemos un trabajo completo, es más, perdemos energía, nos agotamos.

De la misma manera que nosotros nos proyectamos viendo ciertas cosas en los demás, los demás se proyectan en nosotros viendo ciertas cosas que no ven en ellos mismos. Tanto si son cosas que gustan como si no gustan tanto.

El mundo es un espejo.

Constantemente estamos viendo en los demás cosas que hay en nosotros y que en ocasiones cuesta reconocer, unas veces porque nuestra baja autoestima nos impide reconocer cosas buenas en nosotros, y otras veces porque no queremos reconocer en nosotros cosas que no nos gustan.

La introyección

Los introyectos son todas aquellas ideas que nos han hecho “tragar” desde la infancia, desde antes de nacer incluso, y que han entrado en nosotros sin que hayamos podido digerirlas. Las hemos asimilado como propias sin más. Los introyectos nos los enseñas nuestros padres, nuestro maestros, la Iglesia, la publicidad... la sociedad en definitiva.

Ideas que asumió una socidad machista (los hombres no lloran, la mujer debe limitar su labor a lo doméstico, el hombre es un ser superior a la mujer...) fueron introyectos que se prolongaron de generación en generación hasta que, poco a poco, están siendo destruidos.

Desde el punto de vista del individuo, los introyectos son impuestos en la infancia por progenitores y la escuela, y es obvio que son necesarios en ese momento de la vida de la persona, pero es fundamental que, una vez que ésta ha adquirido la capacidad de discernir y juzgar por sí misma, cuestione esos introyectos, los ponga en duda, observe la realidad desde una óptica nueva y sobre todo propia. Ello implicará necesariamente romper con muchos introyectos, con muchos presupuestos y esquemas con los que se ha vivido desde el momento del nacimiento, algo que le supondrá quizá un gran esfuerzo y algún que otro conflicto. Pero está claro que sin el cuestionamiento y eliminación de introyectos el sujeto estará condenado a vivir bajo los parámetros de otro, con puntos de vista e ideas ajenos.

Sería interesante empezar a plantearse cuestiones como ¿este pensamiento responde a una idea propia o aprendida? ¿Este sentimiento es mío o me lo han inculcado? ¿Esta es mi opinión o la estoy imitando?

lunes, 9 de mayo de 2011

Los mecanismos neuróticos (I) MI AUTODEFENSA

Los mecanismos neuróticos en Gestalt son a una serie comportamientos autodefensivos que la persona adopta a lo largo de su vida cuando surge un conflicto entre él y el ambiente. Esos comportamientos y actiturdes reflejan su forma de estar en el mundo, su forma de relacionarse con éste y en última instancia reflejan su identidad, es decir, es lo que la define ante los demás y ante ella misma. Ello implica que, aunque se reconozca que resulta necesario un cambio, éste se resista.

Plantearse cambiar algo tan intrínseco como la propia identidad conlleva correr un riesgo que a veces da miedo asumir. Es como verse al borde de un precipicio, ¿cómo dar un paso más?

Pero el cambio se genera cuando realmente hay una verdadera necesidad, mientras tanto siempre se esperará que cambie antes el entorno, que cambien los demás. O sea, no nos hacemos responsables y dejamos en manos ajenas nuestra vida.

Es interesante saber en qué consisten los mecanismos neuróticos para identificarlos y erradicarlos o, al menos, si decidimos seguir siendo neuróticos, hacerlo con responsabilidad y conociendo sus efectos. Y desde luego, si verdaderamente lo hacemos con responsabilidad, sin quejarnos.

- Introyección
- Proyección
- Deflexión
- Retroflexión
- Confluencia
- Escotoma

domingo, 8 de mayo de 2011

El compromiso

Durante muchos años viví pensando que el amor que me profesaba a mí misma era suficiente, que yo estaba haciendo bien las cosas y que si me sentía poco amada no era cuestión mía sino de los demás, o de alguna especie de complot que la vida o el destino hacía contra mí para impedirme ser feliz.

Tampoco me planteaba si lo que hacía lo estaba haciendo por mí, por otras personas o porque se suponía que era lo que "tenía que hacer", cuando realidad en mi fuero interno deseaba hacer otra cosa.

A veces el compromiso que adquirí con el resto del mundo (familia, trabajo, pareja, amigos...) era más fuerte que mi compromiso conmigo misma. Y lo peor de todo era que pensaba que ése era un comportamiento aceptable y sano. No me daba cuenta de que adquirir un compromiso externo a mí más fuerte que el que tuviera conmigo misma, además de limitarme y limitar mi felicidad, me impedía ser libre y más abierta con el mundo.

Amarse uno mismo empieza por cuestionarse esas cosas.

El siguiente paso fue asumir que sólo yo era la dueña de mi vida y de todo lo que me sucedía. Es cierto que me acostumbré a quejarme cuando las cosas no sucedían como yo quería, cuando no me amaba quien yo quería, cuando el resto del mundo no se comportaba como yo esperaba, cuando se frustraban mis expectativas... La queja y la autocompasión se convirtieron en tácticas muy recurrente sobre todo por lo cómodas que eran. La culpa era siempre de los otros.

Fue fundamental entender que sólo yo tenía el poder de cambiar aquello que no funcionaba en mi vida, que hacerlo o no hacerlo sólo dependía de lo que me conviniera hacer únicamente a mí.

Mi vida es sólo mía. Y nadie podrá cambiar nada en ella que no quiera cambiar yo.

Por eso es tan importante ser sincero con uno mismo, saber qué quiere uno realmente en su vida, reconocer hasta qué punto nos sentimos cómodos y nos conviene prolongar la situación de la que nos quejamos. Y lo más importante, adquirir un firme compromiso con uno mismo que surgirá siempre que haya una verdadera necesidad de cambio. Y cumplir ese compromiso. Actuar. No permitir que otros tomen las riendas de nuestra vida.

Pase lo que pase (o no pase) en mi vida, sólo yo soy la responsable.